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«Abelló. La col·lecció convidada» en el Museu d’Art de Cerdanyola


16/11/2023
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Joan Abelló sintió siempre una especial fascinación por la obra de Joaquim Mir. No tan solo lo atestigua su colección, que atesora diferentes obras emblemáticas del pintor, sino que nunca lo dejó de citar como uno de sus referentes. A él dedicó sentidas palabras de homenaje en el libro L’hora del te, que escribió el 1961. De él aprendió, en palabras suyas, la sensualidad del color y le placía recordar como sus inicios como pintor habían transcurrido detrás los pasos de Mir por tierras del Vallès.

Fue en 1914 cuando Joaquim Mir se trasladó a vivir en Mollet, donde vivía su hermana. Atrás dejaba la etapa en l’Aleixar. Por aquellas cosas del azar, se instaló en la calle Berenguer III, número 120, muy cerca de donde Joan Abelló levantaría su museo. En la comarca del Vallès vivió ocho años. En Mollet, además de capturar el interior de la iglesia, la calle de la Ganiveta –que también pintaría Abelló– y diferentes paisajes empapados de color, realizó una de las obras más importantes de estos años, La encina y la vaca, merecedora de la Medalla de Oro de la Exposición Nacional de Belles Arts de 1917. La pintó bajo la encina de Can Magre, un escenario de auténtica peregrinación para Joan Abelló y donde vivió momentos especialmente emotivos de su biografía.

Santa Perpètua de Mogoda fue también un destino estimado por uno y otro. Abelló se acercó a pintarla cómo tantas veces había hecho Mir gracias al apadrinamiento de Joan Antoni Güell i López, segundo conde de Güell y tercer marqués de Comillas, que le abrió las puertas de la finca de su propiedad. Con una de las teles de Mir pintadas a Santa Perpetua que Abelló adquiriría para su colección y con un paisaje de Mollet realizado por él el 1949, claro exponente de su admiración por Mir, os invitamos a pasear por su Vallès.

«Yo tenía el Mir como un fantasma que me ayudaba. Visitaba todos los lugares donde me decían que había pintado. Mir fue mi ángel de la guarda, no tenía ningún diálogo con nadie más. Mir, mi primer maestro.» Josep Masats, Les arrels d’Abelló.